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Alejandro Reynoso (38), el comerciante detenido por el crimen de Solange Aguirre, confesó ante la Justicia que la asesinó tras una discusión en una de sus pollerías de Benavídez y que decapitó y enterró su cadáver en Entre Ríos.

En tanto, su hijo, Sergio Reynoso (19), también detenido por el caso, se desligó del homicidio y sólo admitió que acompañó a su padre al lugar donde fue enterrado el cuerpo.

Los fiscales que trabajan el caso pedirán, vía exhorto, que las autoridades entrerrianas vuelvan a rastrillar el lugar donde el sábado último apareció el cadáver para buscar la cabeza de la víctima, ya que el confeso asesino dijo que se deshizo de ella en la misma zona donde enterró el cuerpo.

Si bien toda la investigación y las detenciones fueron realizadas por el fiscal Marcelo Fuenzalida, de la Fiscalía Especializada en Investigaciones de Trata de Personas y Delitos Conexos de San Isidro, cambió el fiscal a cargo porque la causa que se había iniciado como una búsqueda de paradero tuvo un final de homicidio.

La investigación quedó ahora en manos del fiscal Sebastián Fitipaldi, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) de Benavídez, quien fue el encargado de indagar anoche a los Reynoso.

Fuentes judiciales indicaron a Télam que en su confesión frente al fiscal, Alejandro Reynoso -quien nunca fue pareja formal de Solange, pero era el padre de su hija de 2 años-, admitió que el crimen lo cometió en una de sus dos pollerías de la Benavídez.

El comercio que se transformó en la escena del crimen está situado sobre la vieja Ruta 9, justo en frente del supermercado chino donde, la tarde de su desaparición, Solange quedó grabada por las cámaras de seguridad del local cuando compranba cigarrillos a las 19.46.

«Contó que discutieron y que le atravesó la cabeza de lado a lado con una chaira, esos elementos punzantes que se usan para afilar cuchillos», dijo a Télam uno de los investigadores judiciales.

Según la misma fuente, el pollero relató que recubrió el cadáver de Aguirre con dos bolsas, lo cargó en su camioneta y fue a su casa de la calle Peñaloza 1992, en la localidad sanisidrense de Boulogne, donde le contó lo sucedido a su hijo.

«Se hizo cargo de todo y en todo momento aclaró que su hijo no tuvo nada que ver con el asesinato», señaló el vocero consultado.

Reynoso contó que ya en horas de la madrugada del jueves, fue con su hijo a la zona de Zárate – Brazo Largo, un lugar que conocían porque solían ir a pescar.

Siempre según la confesión, allí enterró el cadáver, al que previamente le seccionó la cabeza, le cortó las yemas de los dedos de las manos y le tajeó los tatuajes, para dificultar su identificación.

El hijo se desvinculó del homicidio, pero la sospecha de la Justicia es que colaboró activamente en la desaparición del cadáver, aunque podría terminar liberado porque el Código Penal establece que los familiares directos no pueden ser acusados de encubrimiento.

Además, en el bolsillo de su pantalón, los investigadores encontraron la tarjeta SIM de la línea celular desde donde se envió un SMS a la madre de Solange que decía: «Soy yo, estoy bien. Cuidá a los chicos. No me busques», un mensaje que, según la investigación, tenía como finalidad hacer aparentar la desaparición como una fuga voluntaria.

Al margen de la confesión, el fiscal inicial de la causa, Fuenzalida, había reunido varios testimonios e indicios que comprometían a Reynoso, entre ellos, escuchas telefónicas donde el imputado se autoincrimina, según contaron a Télam fuentes de la investigación.

Además, en un allanamiento realizado en su casa de Boulogne se secuestraron cuchillos, ropas y un bolso de pesca que se mandaron a peritar en búsqueda de evidencias.

Tanto el confeso asesino como su hijo quedaron detenidos acusados de homicidio y ahora el fiscal Fitipaldi pidió al juez de Garantías de San Isidro que tiene la causa, Rafael Sal Lari, que convierta sus aprehensiones en detenciones.

El fiscal le pedirá al juez que envíe un exhorto a la justicia entrerriana para que se rastrille, en búsqueda de la cabeza, la zona donde estaba enterrado el cuerpo y para que el magistrado de Gualeguaychú que actuó por el hallazgo del cadáver, Arturo Dumón, se inhiba y envíe todas las actuaciones a San Isidro.

Aguirre era madre de dos niños, un varón de 5 años y la niña, hija de Reynoso, que el lunes cumplió 2, y fue vista por última vez el 5 de este mes cuando salió a comprar cigarrillos y dijo que después iba a ir a la pollería a hablar con el padre de su hija.

El sábado, en un camino vecinal próximo al puente de la isla entrerriana de Talavera, en el límite con la provincia de Buenos Aires, cuatro pescadores paraguayos, que habían visto a dos hombres enterrar algo, descubrieron el cadáver decapitado y completamente desnudo de una mujer que el miércoles fue reconocido por su familia como el de Solange.

La clave de la identificación fueron los tatuajes que la víctima tenía en uno de sus hombros con las iniciales de los nombres de sus dos hijos, «A» y «L», pese a que esa zona había sido tajeada, y alguna particularidad en sus pies.