La comunidad indígena devolvió los restos de un hombre fallecido hace mil años y extraído por arqueólogos.

La Comunidad Indígena Punta Querandí devolvió los restos óseos de un hombre adulto fallecido hace mil años atrás a su territorio, situado en la desembocadura del Arroyo Garín, en la localidad de Dique Luján, en el marco de la primera ceremonia de reentierro de un ancestro registrada en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

«En marzo rescatamos a ocho hermanos y hermanas que estaban secuestrados por la ciencia en cajas de cartón. Ahora los estamos devolviendo a sus lugares. El próximo paso va a ser reenterrar los siete cuerpos en La Bellaca (Villa La Ñata)», explicaron desde Punta Querandí y advirtieron que hay «un centenar de ancestros» extraídos de distintos sitios por arqueólogos que aún se encuentran en poder de instituciones académicas.

El histórico reentierro se llevó a cabo en forma íntima, con la participación de una veintena de personas, entre integrantes de la comunidad local y «pioneros» en la defensa del predio sagrado para los pueblos originarios ubicado en el límite entre los partidos de Tigre y Escobar y rodeado de barrios privados.

«Fue un gran logro de años de lucha. Los espíritus de nuestros antepasados también estaban emocionados. Fue como despertar un nuevo amanecer. Nos sentimos más seguros y con muchas más ganas de seguir peleando por el respeto que nos merecemos», manifestó Reinaldo Roa, del Consejo de Ancianos de Punta Querandí.

Por su parte, Santiago Chara, también representante del Consejo de Ancianos y autoridad de la Comunidad Qom Cacique Ramón Chara de Benavídez, señaló: «Me siento feliz. Es lo que nos faltaba, nos sentimos más completos ahora con el cuerpo vuelto al lugar de donde nunca debería haber salido».

Los restos óseos habían sido desenterrados hace tres décadas del sitio arqueológico Arroyo Garín, que poco años después fue destruido durante el desarrollo del barrio privado Santa Catalina. Este esqueleto quedó «depositado» en el Instituto Nacional de Antropología (INAPL), en el barrio porteño de Belgrano.

«Fue muy movilizante y muy fuerte la ceremonia: había llantos, cantos y se sentían varias presencias. A mí me agarró escalofríos, parecía que iba a desmoronarme, me temblaban las piernas. Ese día era impresionante la energía que había en Punta Querandí», expresó Gladis Roa, de la Comunidad Guaraní Jasy Rendy.

A fines de la década del 90, el avance de los barrios privados sobre los humedales continentales de Tigre y Escobar arrasó con enterratorios de los pueblos originarios y puso bajo amenaza distintos lugares ancestrales. Este proceso despertó la conformación de la Comunidad Indígena Punta Querandí que, además de defender el patrimonio sagrado de su territorio, se propuso recuperar los restos de más de un centenar de antepasados: aquellos que no terminaron destruidos por topadoras y dragas, sino que fueron «secuestrados» por instituciones académicas.

Luego de una ardua lucha, ese histórico objetivo comenzó a concretarse en marzo de 2021, cuando el gobierno provincial restituyó a ocho ancestros y ancestras a la comunidad tigrense, en cumplimiento de una resolución dictada por el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas en 2019.

La devolución de los esqueletos fue el fruto de una década de reclamos, manifestaciones y gestiones burocráticas. Solo en 2020, logró los respaldos del Municipio, el Concejo Deliberante, la Cámara de Diputados provincial, la Subsecretaría de Derechos Humanos provincial y la Defensoría del Pueblo nacional.

Sueño cumplido

Foto: Leo Crovetto.

Dolor, alivio, paz y alegría son algunos de los sentimientos manifestados tras el reentierro por distintas personas que tienen un fuerte vínculo con la historia de Punta Querandí.

«Es un sueño cumplido, se concretó lo que parecía tan imposible. Me angustió saber que estuvo todo este tiempo en una caja en un depósito. Pero me dio alegría y paz verlo en su espacio», describió Graciela Satalic, quien participó del reentierro acompañada de su hija Rocío. Ambas vecinas de Ingeniero Maschwitz fueron claves pare el inicio de la lucha, ya que hicieron los primeros hallazgos arqueológicos, difundieron que el lugar estaba en peligro porque se proyectaba construir un amarradero de yates y pasaron casi todo 2010 acampando en el sitio para impedir la realización de las obras.

«Fue muy fuerte, casi no podía hablar, ese día me latía el corazón a mil», coincidió la cacica Cintia López, de la Comunidad Qompí de Garín y la Unión de Pueblos Originarios de Tigre y Escobar. «Sentíamos mucho dolor porque los habían quitado de su lugar de descanso y los encerraron en una caja como objetos, pero cuando volvió a su tierra sentí paz. La alegría por volver a su territorio se manifestó en todo momento a través de la naturaleza: la lluvia, la bandada de pájaros que se quedaron ahí, los perros aullando», agregó.

Por su parte, Jakeline Mariaca, quien formó parte de la lucha comunitaria durante varios años, expresó: «Sentí el mismo sentimiento de alivio de cuando despedí a mi hija en este mismo territorio, porque sabía que ya era un alma libre». «Jaki» tiene un vínculo muy especial con Punta Querandí: fue el lugar donde presentó a su primera beba, Uma, en la ceremonia guaraní del «Ara Pyahu» y también donde la despidió en 2018, «con una mezcla de amor y dolor para que trascienda en el otro plano», explicaron desde la comunidad indígena local.

«Todos los cuerpos que están dentro de los museos deben ser sacados urgente de esos lugares, venerados y reenterrados», añadió Mariaca.

Poco antes de la restitución de los restos óseos, Punta Querandí había alcanzado otro logro muy importante: la firma del Convenio de Propiedad Comunitaria con el intendente Julio Zamora que garantizó sus derechos territoriales sobre el predio de Dique Luján que disputó durante más de una década con la empresa constructora EIDICO, responsable del desarrollo de la mayoría de los countries que se instalaron sobre los humedales del partido de Tigre.

Al respecto, Chara destacó: «Pese a esta pandemia, estamos avanzando en nuestras propuestas y nuestras metas». El integrante del Consejo de Ancianos lo atribuyó «al espíritu de los abuelos y las abuelas» y sentenció: «Esto nos demuestra que ningún objetivo es imposible».

«En esta batalla desigual por los territorios, el reentierro en Punta Querandí es un acto de justicia y enciende aún más la memoria indígena de la región para que nada ni nadie la pueda silenciar», concluyeron desde la comunidad local.

Foto: Leo Crovetto.