Fabián Tablado, el femicida que hace 24 años asesinó de 113 puñaladas a su novia Carolina Aló y cuya detención fue pedida por un fiscal por violar la perimetral que tenía con el padre de la víctima, aseguró que no conocía cuál era el domicilio laboral de Edgardo Aló y que su intención no fue «buscar problemas».

«Tengo todas las notificaciones enviadas por el Juzgado 2 de Familia donde especifica la dirección del señor Edgardo Aló pero no me dice dónde es la dirección laboral de él», explicó Tablado, de 44 años, en una nota con el noticiero de Canal 9.

«Yo vivo a tres cuadras del puente y el señor Aló trabaja a 150 metros del puente. No fue una intención mala mía ni de buscar problemas», afirmó el exconvicto.

Respecto a qué hacía ese 19 de octubre que fue captado por las cámaras del Centro de Operaciones Tigre (COT) caminando con dos niñas por el Puente Sacriste, que está ubicado a una cuadra y media de las oficinas de la Dirección Nacional de Migraciones de Tigre, donde trabaja Aló, Tablado explicó que estaba con sus hijas mellizas.

«Me reencontré con mis hijas que hacía muchísimo, desde que recuperé mi libertad, que no las veía, para llevarlas a tomar un helado, nada más», dijo y agregó que fue «con la supervisión» de su «exsuegra, que estaba en un vehículo».

También comentó que fue a la heladería «de abajo del puente» porque una de sus hijas «es celíaca y no hay ninguna otra heladería en Tigre» donde se puedan comprar helados para ella.

Además, Tablado explicó que desde que el 28 de febrero, cuando recuperó «la libertad física», tiene una medida de restricción de acercamiento a su exmujer, Roxana Villarejo, pero aclaró que «no fue solicitada» ella sino, «como una medida de prevención, por el Juzgado 2 de Familia».

A raíz de esa perimetral, Tablado es monitoreado en forma permanente por el Servicio Penitenciario Bonaerense a través una tobillera electrónica. Además, su ex, Villarejo, también tiene un dispositivo para controlar que él no se acerque.

Tablado exhibió la tobillera en su pierna izquierda y aseguró que «no es verdad» que se la haya sacado para salir con sus hijas, sino que la tiene «debajo de la media».

«La uso siempre, solamente la puede sacar personal idóneo. Me ajusto a derecho, la pulsera está ahí en condiciones», afirmó.

«Yo puedo deambular libremente. Puedo circular, pero cuando estoy cerca del perímetro donde se mueve mi exesposa, se comunican para que me aleje del lugar», comentó.

Tablado fue denunciado el pasado 11 de noviembre por su exsuegro, Aló, porque el 19 de octubre pasó caminando a 150 metros de su domicilio laboral.

La causa recayó en manos del fiscal Sebastián Fitipaldi, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) descentralizada de Rincón de Milberg, quien confirmó lo denunciado por Aló gracias a una serie de videos y pidió la detención del femicida en orden al delito de «desobediencia», que contempla prisión de dos meses a un año.

Ese pedido del fiscal debe ser resuelto en las próximas horas por un juez de Garantías de San Isidro que estaba analizando las constancias de la causa.

La perimetral que presuntamente violó Tablado fue dictada por la jueza de Familia 2 de Tigre, Silvia Sendra, el 6 de marzo pasado, a una semana de que el exconvicto recuperara su libertad.

La magistrada le impuso a Tablado la prohibición de acercarse a menos de 500 metros del domicilio de Aló, aún en su ausencia.

Tablado tiene otra perimetral -la que lo obliga a usar tobillera- impuesta por la misma jueza de familia para que no se acerque a menos de 300 metros de su exmujer, con quien se casó en la cárcel en 2007, luego se separó y amenazó de muerte, hecho que le valió una segunda condena.

El asesinato de Carolina Aló (17), uno de los casos más resonantes de la historia criminal argentina, ocurrió el 27 de mayo de 1996 en la casa de la familia Tablado.

Luego de tener relaciones sexuales y discutir por celos, Tablado, por entonces de 20 años, persiguió a su novia por varios ambientes de la casa y la mató de 113 puñaladas.

En 1998, fue condenado a 24 años de prisión por «homicidio simple» pero en 2013 sumó la segunda condena por amenazar a su exmujer y su exsuegra y se le unificó una pena de 26 años y seis meses que debía agotarse a fines de 2022.

Por el beneficio de la derogada ley del «2×1» y los cursos que hizo en prisión como «estímulo educativo», el cómputo de la condena se le redujo y la pena se le dio por concluida el 28 de febrero, cuando abandonó la Unidad 21 de Campana y se fue a vivir a la casa de Albarellos 348, en Tigre Centro, donde hace 24 años cometió el femicidio de las 113 puñaladas.