El Movimiento en Defensa de la Pacha (MDP) realizó una concentración frente a Nordelta, en Ruta 27 y Arroyo Sarandí, para difundir a la comunidad las desapariciones de enterratorios ancestrales y los ataques contra lugares ceremoniales de los pueblos originarios relacionados con el avance del desarrollo inmobiliario.

La protesta se llevó a cabo el último domingo, de 11 a 17, cuando los manifestantes repartieron casi mil volantes entre automovilistas, colgaron banderas y colocaron un cartel señalizando la destrucción de un cementerio indígena durante la instalación de Nordelta.

«Los objetivos se cumplieron, tanto espiritual como políticamente. Sabemos que el cartel seguramente no va a tener mucho tiempo de supervivencia, puede haber represalias, pero si es necesario lo volveremos a hacer, como el ‘opy’ en Punta Querandí que lo construimos por tercera vez», expresan desde el movimiento que protege desde hace años el sitio ubicado en Dique Luján.

Frente al centro comercial de Nordelta pasa un arroyo casi imperceptible llamado Sarandí, que desemboca en el Río Luján, en uno de los lugares habitados por las comunidades originarias. En la década del 20, fue hallado en la zona un cementerio indígena, donde se realizaron excavaciones para extraer casi medio centenar de esqueletos. Finalmente, las obras de la megaurbanización privada, a fines del siglo XX, terminaron de destruir este espacio sagrado.

«Desde el MDP consideramos que estos cuerpos de los ancestros deben regresar a su territorio, hoy usurpado por Nordelta», manifiestan. Estos restos estarían el Museo de La Plata y el Instituto Nacional de Antropología, en la ciudad de Buenos Aires.

Además, desde el colectivo formado por miembros de pueblos originarios, ambientalistas y vecinos explican: «La situación se repite en cada uno de los emprendimientos inmobiliarios que avanzaron destruyendo los humedales tigrenses desde la década del 90, aunque por falta de estudios previos es difícil determinar la cantidad de sitios arrasados. Sí es conocido otro caso similar: el Complejo Villa Nueva (de EIDICO) destruyó el sitio ‘Arroyo Garín’ durante la construcción del barrio privado Santa Catalina, en las inmediaciones de Punta Querandí».

«No solo estos daños no han sido reparados sino que hay otros lugares ancestrales amenazados, como Punta Querandí, Rancho Largo y La Bellaca 1, 2 y 3, todos ellos en peligro por distintos emprendimientos inmobiliarios», detallan.

En Punta Querandí, ubicado en el paraje Punta Canal de Dique Luján, se realizan semanalmente distintas actividades educativas y ceremonias indígenas. Allí, son recurrentes las situaciones de violencia por parte de quienes pretenden adueñarse del sitio, denuncian desde el MDP. Por segunda vez en menos de tres meses, fue destruido el «opy» (templo guaraní). «Responsabilizamos por estos ataques a la espiritualidad originaria al empresario del Opus Dei, Jorge O’Reilly, presidente de EIDICO», puntualizan.

Por otra parte, desde el MDP continuan reclamando la reparación del puente sobre el Arroyo que se cayó hace un año medio. Según evalúan, prevalece «la voluntad política de perjudicar a Punta Querandí y las familias que allí viven». Y sentencian: «El gobierno de Tigre ha dejado abandonados a su suerte a los habitantes del paraje».