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Carlos Páez Vilaró murió en las últimas horas en su emblemática Casapueblo. El polifacético artista nacido en Montevideo el 1 de noviembre de 1923 vivió en su juventud en Buenos Aires y tenía desde hace décadas una casa y atelier en Tigre.

Conocido por el complejo arquitectónico que levantó en Punta Ballena, a pocos kilómetros de Punta del Este, «el pintor del medio del río», como le gustaba denominarse, falleció hoy a los 90 años.

Páez Vilaró dedicó su obra pictórica a la cultura de raíz africana que rodea el carnaval uruguayo, pero además recorrió África pintando murales en coincidencia con el histórico proceso de independencia del continente, durante la segunda mitad del siglo XX.

Con una marcada impronta cubista, la producción del artista se desplegó en todo tipo de materiales (muros, cartones, metales, papeles) y tuvo como eje el retrato de sus viajes por el mundo.

Además de su afán por la experimentación, se dedicó también a la conquista de distintos soportes. De esta manera, incursionó en la pintura, la escultura, la cerámica, la música y la escritura.

En los años 60, Páez Vilaró inició la construcción de Casapueblo, el gigantesco monumento arquitectónico emplazado en el espectacular paisaje marítimo de Punta Ballena -a unos kilómetros de Punta del Este- que funciona como hotel, museo y taller.

La vida y la obra del artista están indisolublamente vinculadas a Buenos Aires desde que llegó en su juventud para desempeñarse como aprendiz de cajista de imprenta en Barracas y Avellaneda. Tan estrecho era su vínculo con la Argentina que solía autodefinirse como el «pintor del medio del río».

Su relación con el país tuvo un punto de inflexión en octubre de 1972 cuando su hijo mayor, también llamado Carlos, sufrió un accidente junto a otros jóvenes que volaban hacia Chile para disputar un partido de rugby y el avión que los transportaba cayó en la Cordillera de los Andes.

Durante los 72 días que duró la búsqueda de los sobrevivientes, el artista tuvo una participación activa en el operativo de rescate: organizó expediciones, reclutó voluntarios, consultó videntes y se internó en la cordillera hasta que se localizaron los restos del avión y los 16 sobrevivientes, entre los que estaba su hijo.

A lo largo de su vida, Páez Vilaró conoció a importantes maestros como Pablo Picasso, Salvador Dalí, Giorgio de Chirico, Jean Cocteau, Jean Cassou, Alexander Calder y Andy Warhol, entre otros.

En los últimos años, desde Bengala, su Casapueblo tigrense, ideó las multitudinarias exposiciones que montó en el MAT. La última fue el año pasado y se denominó «El color de mis 90 años». En su inauguración, había declarado: «Esta muestra significa un deseo hecho realidad. Me gustaría hacer una con todos los pintores de Tigre al mismo tiempo. Esta ciudad tiene un magnetismo muy especial. En Uruguay disfruto del azul del mar y acá disfruto del verde de la vegetación».

Por su parte, el entonces intendente Sergio Massa había remarcado: «Para nosotros es un enorme orgullo reabrir el museo, las muestras itinerantes, con la presencia de Carlos, un símbolo del abrazo del Río de la Plata, un vecino nuestro que nos llena de magia y de energía con su obra y su afecto».