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En el Puerto de Frutos, el obispo de San Isidro, Oscar Ojea, reiteró el acto que Jesús tuvo con sus doce apóstoles en la última cena: el lavado de pies. Cientos de vecinos y visitantes estuvieron presentes en la ceremonia tradicional del Jueves Santo.

«Con muchísima alegría y en medio de un bello día de descanso, compartimos esta ceremonia con una gran cantidad de vecinos que se han acercado a este punto tan importante de Tigre. Hay una presencia humilde del Jueves Santo, donde se refleja la idea de servir a los demás y así poder encontrar la felicidad», sostuvo el titular diocesano.

Monseñor Ojea se inclinó a lavar, enjuagar y besar los pies de varias personas, como trabajadores portuarios y turistas. Uno por uno, el obispo les otorgó la bendición. Posteriormente, los presentes protagonizaron el Vía Crucis en las calles.