maestras

El Frente para la Victoria (FPV) organizó un festival, en el barrio Enrique Delfino, en homenaje a las maestras Rosa María Casariego y Alfonsina Burga, quien fueron víctimas del terrorismo de Estado de la década del 70 en el país.

En la intersección de Padrenuestro y Talán Talán, en General Pacheco, se montó un escenario por el que pasaron espectáculos musicales y una obra de teatro interpretada por estudiantes del programa «Jóvenes y Memoria».

En las jornadas previas, vecinos y militantes habían trabajado en el desmalezamiento y la puesta en condiciones de un terreno que forma parte del patio de la escuela 7, donde también pintaron un mural recordatorio de las maestras desaparecidas.

Promediando el festival, el secretario general del FPV, Martín Gianella, subió al escenario para entregale a Marta Plaza un reconocimiento para Casariego. Plaza es la tía de la docente desaparecida, con quien también compartía la militancia política.

Casariego, como militante sindical y barrial, participó en varios episodios que marcaron la historia de Tigre: el apoyo a la toma de Astarsa, que marcó el nacimiento de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP); y la toma del Barrio San Pablo. También acompañó la lucha de su pareja, Luis «Huesito» Cabrera, que era delegado del astillero Acquamarine.

«El último 24 de Marzo fuimos muchos los jóvenes que marchamos a Plaza de Mayo, como destacó nuestra Presidenta (Cristina Fernández). Esto es porque los gobiernos de Néstor (Kirchner) y Cristina han llevado adelante una intensa política de derechos humanos, derogando las leyes de obediencia debida y punto final y enjuiciando a muchos militares y civiles que participaron de la más salvaje dictadura de la historia argentina», dijo Gianella.

«Así como Rosa María y Alfonsina, yo también soy peronista, vengo de una familia peronista, y estoy convencido de que memoria, verdad y justicia se ha convertido en una nueva bandera del peronismo», finalizó el joven dirigente.

A su lado estaba Miguel Verdi, uno de los compañeros de militancia de Casariego y uno de los últimos en verla con vida. «Rosa María era muy generosa, cada vez que veía a un nene en la calle descalzo, le tomaba la medida del pie para comprarle zapatillas, a veces con un hilo, otras veces con una maderita», contó visiblemente emocionado.