El primer satélite geoestacionario latinoamericano de telecomunicaciones, Arsat-1, fue lanzado con éxito al espacio por Argentina desde la base Kourou, en Guayana Francesa, a través del cohete Ariane 5, para brindar servicios de televisión, Internet y telefonía en todo el territorio nacional y países limítrofes.

El satélite despegó cerca de las 19 y tras media hora de vuelo fue inyectado en una órbita elíptica desde donde los técnicos de la base terrena de Benavídez lo maniobran hasta su órbita definitiva de 71,8º oeste a 36 mil kilómetros de la superficie terrestre.

Este satélite prestará servicios de televisión, internet y telefonía a todo el territorio nacional, incluyendo la Antártida y las Islas Malvinas, y también alcanzará a gran parte de los países limítrofes, que beneficiarán a comunidades alejadas de los grandes centros urbanos que no reciben cobertura de prestadores privados.

Argentina tiene asignadas dos posiciones orbitales por la Unión Internacional de Telecomunicaciones para colocar satélites geoestacionarios, la 71,8º y la 81º.

La 71,8º era ocupada hasta ahora por un satélite alquilado denominado «AMC-6», operado por la empresa SES. Una vez que Arsat-1 ocupe esa posición todos los datos que opera el satélite alquilado serán migrados al nuevo.

La posición orbital 81º, que actualmente es ocupada por los satélites alquilados «AMC-2» y «IS603», será ocupada por el ARSAT-2, que en estos momentos construye INVAP y se estima que será lanzado desde el mismo puerto espacial a mediados del año próximo.

La presidenta Cristina Fernández celebró el lanzamiento al espacio del primer satélite íntegramente nacional, hecho que, dijo, posibilitó la decisión política del expresidente Néstor Kirchner cuando decidió en 2006 crear la empresa estatal Arsat y poner en marcha el Programa Espacial Argentino.

Para su elaboración se invirtieron más de 1.121 millones de pesos, a los que se sumaron otros 867 millones que fueron destinados en ingeniería de desarrollo, estaciones terrenas, software, seguros y la puesta en órbita.

El satélite pesa cerca de tres toneladas y su cuerpo principal es una caja de 2 metros de ancho por 1,80 de alto por 3,95 de largo; y con sus paneles solares extendidos alcanza una envergadura de 16,42 metros.

El combustible del Arsat-1 le permitirá tener una vida útil mayor a 15 años, una disponibilidad para la prestación de servicios del 99,9 por ciento y una precisión de apuntalamiento de 0,15º.

El presidente de Arsat, Matías Bianchi, dijo que el exitoso lanzamiento del satélite «nos obliga a no dar un paso atrás» y destacó que «esto es una muestra más de las políticas de inclusión, de disminución de la brecha digital».

El funcionario habló desde el centro espacial de Guayana Francesa y recordó que Argentina «es el nuevo integrante de un selecto grupo de países, no sólo por lo que pasa hoy, sino también porque la industria satelital lo confirmó reconociendo nuestro proyecto».

Los otros siete países con capacidad de producir satélites son Estados Unidos, Rusia, China, Japón, Israel, India y la Unión Europea.