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La presidenta Cristina Fernández y su par mexicano Felipe Calderón inauguraron el restaurado mural Ejercicio Plástico, que el artista David Alfaro Siqueiros pintó durante su exilio en el país durante los años 30 en el sótano de la casa que el magnate periodístico Natalio Botana tenía en Don Torcuato.
La ceremonia se llevó a cabo en la plaza Cristóbal Colón, ubicada detrás de la Casa Rosada. Allí Cristina afirmó que cuidar el patrimonio cultural “es una obligación de los gobernantes y de los argentinos”.
La mandataria recordó “el momento histórico” cuando el ex presidente Néstor Kirchner emitió un decreto en 2003 para declarar a la obra “bien nacional artístico e histórico”, lo que “impidió definitivamente que el mural pueda ser sacado del país”.
Cristina contó que durante un viaje a México con Kirchner se le acercó “un grupo de artistas mexicanos” para pedirle que se “ocupara del mural de Siqueiros”.
“Quiero decirles que me ocupé en nombre de todos los argentinos. Esto es de todos. Yo soy el instrumento para llevarlo a cabo”, declaró y añadió: “Tenía un sueño que también se cumplió que es que fuera Calderón el que estuviera presente en esta inauguración”.

Historia de Ejercicio Plástico

En 1933, el mexicano Siqueiros -con la colaboración de los artistas plásticos argentinos Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo y Juan Carlos Castagnino; y el escenógrafo uruguayo Enrique Lázaro- pintó el famoso mural en las paredes y el techo del sótano de la quinta Los Granados de Botana, en Don Torcuato.
Tras la muerte del dueño del diario Crítica, la vivienda y la obra pasaron por distintas manos. Hasta que en los inicios de los 90 fue fraccionado y desmontado con la intención de ser exhibido por el mundo. Pero un litigio judicial por su propiedad terminó confinando a la obra a un depósito en San Justo, donde estuvo por años guardada en distintos contenedores.
Recién en 2009, el Gobierno nacional pudo rescatar al mural de donde quedó olvidado por 17 años y se pudo iniciar su restauración. Fue trasladado a un lugar especialmente acondicionado en la Aduana Taylor, donde volvió a la vida gracias al aporte de empresas, instituciones culturales y el gobierno de México.