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El odontólogo Ricardo Barreda, condenado a prisión perpetua por haber asesinado a su esposa, su suegra y sus dos hijas, recuperó su libertad por disposición de la Cámara de Apelaciones y Garantías de La Plata, tras su última detención que se extendió durante un año.

La medida la adoptó el camarista Raúl Dalto, que actúa como juez de ejecución, luego de que el defensor de Barreda, Eduardo Gutierrez, presentó en sede judicial un domicilio ubicado en Tigre como residencia de su cliente.

Es que Barreda, de 79 años, quedó detenido el 22 de diciembre del año pasado, luego de que se le revocara la libertad condicional porque la convivencia que mantenía en ese entonces con su pareja, Berta «Pochi» André, en un departamento del barrio porteño de Belgrano, se había tornado peligrosa.

Para tomar esa medida, los camaristas tuvieron en cuenta los informes de los asistentes sociales del Patronato de Liberados que reflejan «un cambio en la relación de convivencia con su pareja André y la imposibilidad de que Barreda siga residiendo en ese domicilio».

«Los informes refieren una situación de riesgo, indicios de demencia senil por parte de André, como así también observan en Barreda un lenguaje despectivo hacia las mujeres y un particular ofuscamiento con su pareja con una marcada preocupación de cómo él puede reaccionar», sostuvieron los camaristas en el fallo.

A partir de ese momento, Barreda debía aportar un nuevo domicilio que se ajuste a las condiciones que exige la ley para los casos de cumplimiento de una pena condicional, cuestión que se formalizó ayer.

Según una fuente judicial, Barreda, que hasta hoy estuvo alojado en el penal de Olmos con un régimen semiabierto sin salidas transitorias, vivirá en un departamento en Tigre que le aportó un amigo.

Barreda se encontraba en libertad condicional desde marzo de 2011, luego de ser condenado en 1995 a prisión perpetua por haber matado a escopetazos a su esposa Gladys McDonald (57), a su suegra Elena Arreche (86), y a sus dos hijas Cecilia (26) y Adriana (24), en noviembre de 1992.

Previamente, en mayo de 2008, había salido de la Unidad Penitenciaria 9 de La Plata y lo beneficiaron con la prisión domiciliaria en el departamento de André, después de que la mujer se comprometiera a ocuparse de él.

«Pochi» André murió el 24 de julio último, a los 78 años, como consecuencia del deterioro su salud a raíz de graves problemas neurológicos.